El Cementerio de los Corazones Olvidados I: Despertar

“Este es un relato que empezé a escribir hace tiempo con bastante ilusión, pero por motivos de estudios y esas cosas tuve que parar, ya que no quería hacerlo con prisas. Ahora, a un mes de terminar los exámenes, me gustaría mostrarlo en este blog ya que me encantaría poder continuarlo nada mas acabar el curso, en un mes; será lo primero que haga, seguramente. Esta primera parte es una muy breve introducción, empiezan a verse claras las cosas en la segunda parte. Las siguientes partes que también escribí hace tiempo también están en las Divagaciones del Hipnosapo, y a aquel que le eche ganas para leérselo, espero que le guste, y poder continuarlo próximamente, porque ideas para seguir no me faltan. Gracias de antemano.”

Hasta hace unos segundos, lo único que podía sentir eran sensaciones que me llegaban de forma matemática: si Marcos miraba a Lalia, me inundaba la alegría; cuando dejaba de verla, tristeza; cuando la besaba…no hay una palabra para definir lo lleno y feliz que me sentía. Y ahora, estoy en un sitio inhóspito y lúgubre, rodeado de lápidas colocadas sin orden alguno; miro “mi cuerpo” y puedo reconocerlo como el de Marcos. Siento el frío del lugar, puedo ver la oscuridad que me rodea, saborear la tristeza que desprende,respirar su soledad y oír el sonido de unos pasos que se acercan a mí. Pertenecen a un hombre anciano, de cara redonda, barba cuidada y ninguna característica física mas destacable, ya que ninguno llevamos prenda alguna. Por algún motivo, su presencia no me incomoda, sino que transmite una gran calma y serenidad.

-Buenas…tardes, mismamente. Tampoco es como si supiera la hora que es-añadió con una sonrisa-¿cómo se llama, joven?

-¿Qué es ésto?¿Por qué puedo escucharle? ¿Por qué puedo hablar? ¿Dónde estamos?

-Vaya, tenemos a uno nervioso por aquí.¿Por qué no…?

-Necesito respuestas, y las necesito ya.Tengo que…

No pude acabar la frase, ya que en ese momento, el aura de tranquilidad que había rodeado al anciano se desvaneció para dar lugar a una ira con tal fuerza que hizo que me quedase simplemente en silencio, a pesar de que el anciano no había cambiaod su expresión en absoluto.

-Bueno, y ahora que he conseguido captar tu atención, vamos a sentarnos tranquilamente, y te informaré de tu nueva…”condición”, por llamarlo de alguna forma.

Decidí callarme y hacerle caso, ya que tendría mis repsuestas más rápido. Bueno, o de eso quise convencerme, ya que aunque hubiese querido hablar, mi cuerpo seguía temblando por la magnitud del aura de antes.¿Qué demonios había sido eso? Permaneció un rato en silencio, el cual aproveché para intentar obtener alguna pista del lugar en el que me encontraba. Antes solo había reparado en las lápidas, pero ahroa que me había acostumbrado un poco más a mis recién adquiridos sentidos, puedo emepzar a ver mejor el lugar en el que me encuentro: las lápidas, como bien habia reparado al principio, están colcoadas sin ningun orden, sin emabrgo ahora reparo en el siniestro hecho de que se extienden hasta dodne alcanza la vista: mire a donde mire, hay lápidas. El suelo tampoco tiene ninguna característica que destaque sobre las demás: hay zonas con arena como única superficie, en otras cuesta distinguir que realmente hay tumbas bajo las extensas capas de maleza que las recubren; incluso hay zonas comunicadas con estrechos pasillos de piedra.Algunas lápidas tienen su propia y característica plataforma de roca bajo ellas.Otras están en pequeños cubículos, y en la lejanía hasta puedo distinguir pequeñas edificaciones, las cuales presumiblemente, también tendrán lápidas dentro( no puedo calificarlos de panteones, ya que su arquitectura es demasiado….”particular”para denominarlos como tal)Y entre las lápidas, distingo a más gente caminando entre ellas, como si nada estuviese pasando.Todos los que alcanzo a ver caminan ajenos a todo lo que les rodea, como si no hubiera otras personas paseando en aquel siniestro mar de losas en el que se encontraban: cómo si buscasen algo que ya consideran perdido desde el principio, o simplemente sin saber muy bien qué estarán buscando o si podrán encontrarlo; o al menos esa es la sensación que me ha venido a la mente al mirarles(es curioso la fuerza que tienen las sensaciones en este lugar, como si absolutamente todo lo que me rodea pudiese decir algo acerca de él sin tener que cruzar una sola palabra, mirada o gesto conmigo); ninguno de ellos está vestido tampoco. Hay gente de todas las edades: hombres y mujeres,viejos y niños, adolescentes y no tan adolescentes, y destacando sobre todos los demás, el extraño anciano que está sentado frente a mí en estos momentos.

-Creo que empezaré igual que como empezaron conmigo cuando llegué aquí.¿Quién y qué eres?-fui a responder pero en seguida me cortó-¡Error! Tú todavía no lo sabes. Siguiente punto:¿por qué estás aquí?…yo te lo diré. Eres un estorbo ya innecesario para ese tal Marcos que mencionabas antes, y por eso permanecerás aquí el tiempo necesario hasta que el destino decida tu suerte.¿Qué cuál es tu suerte? Sobrevivir o caer en el olvido para toda la eternidad. Sobrevivir conlleva volver a tu de sobra conocida rutina de sentimientos por aquí y por allá sin ton ni son, aunque para muchos, la verdadera supervivencia la hemos encontrado en este sitio.Tranquilo, en la mayor parte de los casos es puro protocolo el que te lo diga, probablemente acabaes en el olvido en este cementerio conmigo y los otros miles y miles de…llamémosles moradores para no colapsar tu inmadura mente.

Obviamente, no hacía falta llevar allí mucho tiempo para ver el parecido de ese lugar con un cementerio, y sin emabargo es a la vez tan diferente de lo que yo conozco, que me era imposible relacionarlo con ello.

-¿Has dicho cementerio?-no podía creer lo que estaba oyendo. Nada tenía el más mínimo sentido.

-Sí, has oído bien, niño.Bienvenido…-hizo una pausa dramática y todo ello acompañado de unos circenses gestos a modo de presentación-al Cementerio…de los Corazones Olvidados.

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